martes, 23 de marzo de 2010

24 de marzo: Cuatro nombres y un feriado



Tengo que confesar que cuando se instauró el 24 de marzo como un día feriado no me cayó nada bien. Para mí siempre fue una fecha muy dolorosa, y por ese entonces asociaba "feriado" con un día de fiesta... imaginaba cientos de miles de estudiantes disfrutando de un 24 de marzo sin clases, y no veía la capacidad que una medida así podía tener para generar conciencia sobre una fecha tan terrible para nuestra Historia. Ya hace varios años que cambíé de opinión al respecto, sobre todo a partir de mi experiencia como docente secundario y del intercambio con colegas, con quienes estamos de acuerdo en que el ejercicio de la memoria a veces requiere de ciertos "empujoncitos" para avanzar en la conciencia colectiva, y "salir del closet" de los organismos de DD.HH. y de los familiares de las víctimas. El carácter masivo que adquirió el 24 de marzo desde su implementación como día feriado es una suerte de tierra fértil sobre la cual podemos enraizar esa conciencia. Sería muy lindo creer que se podría hacer igual "por fuera" del Estado; sería más "épico" y más "herocio", seguro, como lo fue hasta 2003; pero ahora hay que aprovechar esa masividad, para dar la batalla en el imaginario social.

Hoy, cuando acompañe a mi hijo de cinco años a su escuela, como todas las mañanas, me encontré con los preparativos para el acto por el 24 de marzo; lamentablemente no me pude quedar, y según lo que después me comentaron otros padres, fue muy lindo y muy emocionante... Pero lo que sí pude ver, apreciar y disfrutar, fue el mural que hacía las veces de escenografía, colgado en la pared del fondo del escenario escolar. En letras grandes, decía algo así como "LO QUE LA DICTADURA SE LLEVÓ" (no recuerdo exactamente la frase); y debajo del listado de horrores legados por el Proceso, figuraban cuatro nombres; cuatro nombres que, de no ser por el "feriado", seguramente no habrían estado allí; cuatro nombres que reflejan por sí solos lo que fue la dictadura, en los hechos, y también lo que quiso ser (y por suerte no pudo) en las páginas de la Historia; cuatro nombres que quizás todavía no signifiquen nada para chicos de 5 a 12 años, pero ¡cuanto vale que estén allí, escritos, en un mural de una Escuela Pública! En 1982, quien esto escribe, se escondía debajo de un banco obligado por una pobre docente -que no había estudiado eso seguramente en su Magisterio-, en un simulacro de bombardeo sobre Buenos Aires. En 2010, en el acto por el 24 de marzo, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Héctor G. Oesterheld y Paco Urondo, me hacen sentir que no todo está perdido, y que, incluso, algo (o mucho) está ganado.

Ct.

sábado, 13 de marzo de 2010

Surfingsenda


Nueva idea de Jaime Bárbara Durand para transformar -cual alquimista- catástrofes naturales e ineptitudes de gestión en propuestas para la clase media porteña.

Saludos,
Ct.

PD: afiche original, por si quieren aportarle más ideas a la claque macrista.

viernes, 12 de marzo de 2010

viernes, 5 de marzo de 2010